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Libros y literatura
De casualidad me he topado con una de esas listas de internet con las que nunca estás de acuerdo. En esta ocasión se trata de los 1001 libros que debes leer antes de morir, casi nada. He hecho un rápido recuento me parece que me quedan unos 990 libros. Si la esperanza de vida media en un varón sedentario -y español- como yo está sobre los 80 años, me quedan 59 para convertirme en un auténtico devorador de libros. Para ello tendría que leer 17 libros por año, y sólo los de esa lista. Ah, y sin tener en cuenta que pueden aparecer más y mejores listas. Sí, a lo mejor algún gurú literario se atreve a incluir, en un futuro no muy lejano, a Pablo Tusset, por citar a alguien.
Este verano han pasado por mis manos obras del citado Tusset -diferente-, Umberto Eco -cautivadora-, Ken Follett -entretenida-, Eduardo Mendoza -imprevisible e irregular-, Mario Vargas Llosa -genial- o Matilde Asensi -sobrevalorada. En total habrán sido diez novelas y me lo he pasado bien. He descubierto nuevos mundos y formas de escribir. Tal vez algún día me anime con algo mío, pero lo veo tan lejano…
Me queda mucha literatura por digerir, tanto la que se debe escribir con mayúsculas como la comercial. No he leído ningún Planeta (ni siquiera un finalista) y entre los Nobel sólo conozco a Dario Fo, pero muy de pasada. Algo parecido me pasa con el cine: Seguramente, de una lista de las 50 mejores películas sólo conocería un 5%. Lo mejor de todo este desencanto cultural y literario es que soy relativamente joven. Tengo tiempo para leer, pero también para exigir que, por una vez en la vida, celebre con entusiasmo la concesión de un galardón importante a un escritor. Quiero brindar por Mario Vargas Llosa cuando le den el Nobel de Literatura, quiero ensalzar la crudeza de “La ciudad y los perros” y valorar las lecciones de “Travesuras de la niña mala”. Ojalá sea el año que viene.
1 comment 27 Octubre, 2006
Prejuicios
Superficial, intolerante y obeso. Así es John Jackson. Cuando sale del Mc Donald’s -¿o era el Burguer King?- tiene ganas de llegar a casa para sentarse en el sofá y adoptar una postura relajada mientras ve el partido. Los Patriots ganan por un touchdown de diferencia. El locutor dice que el partido se sigue por 59 países, entre ellos España. John se pregunta si eso de España tendrá algo que ver con los mexicanos que viven al lado de su casa. Si fuera por él, los mandaría a su país, es decir, al tercer mundo. América se merece estar poblada con gente como él: blanca, de raíz anglosajona y protestante.
Sus hijos llegan a casa. Michael juega a baloncesto en el instituto y es muy bueno. Dicen que podría obtener una beca en la Universidad de Norh Carolina. Susan, la pequeña, se está preparando para el baile del inicio de curso y está un poco intranquila: de momento no encuentra pareja, aunque John sabe que su princesita triunfará con el vestido que le está arreglando su madre.
Denise es una esposa ejemplar, acude todas las tardes a un centro comunitario para ayudar a los más pobres, porque por algo es una cristiana implicada y devota. Ahora mismo está preparando la cena, aunque de vez en cuando presta atención a la televisión. En Fox News están hablando de la Guerra de Irak. No tiende, al igual que su marido, que haya tanta gente en contra de ella. Eso es de ser antiamericano, sostiene.
Llena de contradicciones, la sociedad estadounidense presume de vivir en el país de las libertades y los matices, y sólo así, desde los matices, se puede intentar entender cómo y por qué piensan así, o no. Los prejuicios y las generalizaciones, desde luego, no ayudan a comprender a los habitantes de la nación más importante del mundo. Hay que hacer algo para que lo mucho bueno que hay entre Los Ángeles y Nueva York, entre Chicago y Nueva Orleans, no se pierda en el lodazal de las ideas preconcebidas.
Add comment 26 Octubre, 2006
Sólo hay un tipo de víctimas
Ocho autobuses ocho, llenos de simpatizantes de Batasuna, partieron ayer de Euskadi rumbo a Estrasburgo. La primero que me pregunté es si toda esta gente trabaja, porque el viajecito, supongo, les habrá costado una pasta. Algo parecido me ocurre cuando veo por la tele a los exaltados musulmanes que se manifiestan en la calle por cualquier cosa: el Papa, unas viñetas, el velo, tal vez los Moros y Cristianos, una revista erótica…
En la misma ciudad también se encontraban miembros de la politizada AVT. Aunque no comparta en absoluto su tesis de la rendición del Gobierno, su presencia es lógica: en el Parlamento Europeo se ha hablado de ETA y las víctimas de la banda terrorista merecen saber, de primera mano, qué se ha dicho.
Se podría argumentar a partir de lo anterior que Batasuna también tiene derecho a asistir al debate. Sin embargo, eso sería poco menos que poner a la misma altura a una organización ilegalizada y a un colectivo de víctimas. Sería legitimar la postura oficial de la izquierda abertzale, que no es otra que considerarse parte del conflicto y, por tanto, de la solución.
Este verano vi un trozo de la entrevista de Iñaki Gabilondo a Pernando Barrena. Este hombre, que siempre tiene la misma cara de mala leche, corrigió a Gabilondo y señaló que ETA no es la causa del conflicto, sino una parte más. Esta victimización del entorno etarra tiene como objetivo que pasemos por alto algo muy evidente: ETA, desde 1968, ha sido la que ha puesto las bombas. Tampoco hay que desdeñar que la organización terrorista gozó de ciertas simpatías en el interior y el exterior mientras existieron Franco y su dictadura. Después de 1975, ETA se convirtió en un triste y peligroso anacronismo.
Al final, el Parlamento Europeo ha apoyado el proceso de paz por 321 votos a favor y 311 en contra. Diríase que la propuesta socialista ha ganado por un triste 1-0. Esta clara falta de consenso debería hacer reflexionar al presidente Zapatero, quien tal vez aún no se ha preguntado por qué demonios acudieron ocho autobuses ocho a Estrasburgo. Por si acaso, intentaré aclarárselo: en primer lugar, para equipararse con las verdaderas víctimas y, en segundo lugar, para advertir que no piensan romper el hielo y pedir perdón por haber elegido -o legitimado- el camino de las armas y el terror.
Add comment 25 Octubre, 2006
¿Quién es el civilizado?
El requerimiento era un formulismo jurídico que los malvados y perversos conquistadores españoles leían a los pobres indígenas antes de dar comienzo la batalla. En él se les invitaba a aceptar que sus tierras eran propiedad de la Corona española, que el Dios cristiano es mejor que todos los suyos juntos y que pasarían a ser vasallos del Imperio español. El texto, no muy largo pero sí farragoso, lo leía un tío en el castellano de la época que, salvando las distancias, es como el de El Quijote ¿Alguien se ha leído la obra cumbre de la literatura española? Yo llegué al 30%. Obviamente, muy pocos indios entendieron de qué iba dicho requerimiento y siguieron tan confundidos como Moctezuma, que pensó que Hernán Cortes y compañía eran la reencarnación, o algo así, de Quetzalcóatl, la serpiente emplumada y dios bondadoso de los aztecas.
En clase nos reímos cuando el profesor nos cuenta que los aztecas practicaban sacrificios humanos para calmar la sed de sangre de los dioses y conseguir además aportes de proteinas necesarios para su dieta. Uno de los grandes errores históricos ha sido considerar a estos pueblos como inferiores, lo que legitimaba en parte su conquista y sometimiento. Podría señalar que las culturas precolombinas tenían conocimientos astronómicos bastante superiores a los europeos, pero basta con recordar el requerimiento. ¿Dónde está entonces la barbarie? Si la llamada civilización utilizaba esa argucia legal para justificar su comportamiento, tal vez prefiero quedarme con el buen salvaje que, aunque simple e ingenuo, no daba tantas vueltas a las cosas.
El relativismo cultural es peligroso, y no conviene abusar de él, entre otras cosas porque se puede volver en tu contra: parte de estas palabras están manchadas por el etnocentrismo que tenemos todos los europeos, pero es lo que hay. Una cosa es respetar e intentar comprender las costumbres de otras culturas, y otra muy distinta es compadecerse, desde una asquerosa postura paternalista, de lo que nos diferencia.
1 comment 24 Octubre, 2006
Futuro
En Villatrancas del Río, un pueblecito de 47 habitantes, van a construir una mega-macro-urbanización para 15.000 personas; tendrá tres campos de golf -uno de entrenamiento-, gimnasio, campo de fútbol, pabellón multiusos y piscina climatizada. La consecuencia de todo despilfarro está en boca de todos: el agua. Es imposible que haya suficiente. Reconozco que yo también lo digo, porque lo escucho en la radio y en la tele y me lo trago, pero siempre me pregunto lo mismo: ¿son los constructores tan burros como para no calcular más o menos el gasto de agua? Sí, ya sé que es obvio, que tres campos de golf -y uno de entrenamiento- necesitan mucho riego por aspersión excepto en los bunkers, que son de incómoda arena color marfil. Sin embargo, tanta obviedad me mosquea. Otra cosa es que demostrasen con datos más o menos científicos que el abastecimiento de agua no está asegurado y que el fin del mundo está cerca. Ahí me callaría, mira por dónde.
Yo no sé ustedes, pero desde hace dos minutos he empezado a coleccionar predicciones más o menos apocalípticas. Por ejemplo, dicen que las pensiones están aseguradas hasta el 2036. Llegará el centenario del inicio de la Guerra Civil -miedo me dan Moa y compañía, porque seguro que siguen vivos y coleando- y los pensionistas seguirán cobrando el día 25. Seguro que se firma un nuevo Pacto de Toledo en otra ciudad y se acaba con el problema. Siguiendo con el tema anterior; ¿se acabará el agua algún día? ¿Padeceremos severas restricciones de líquido cristalino no alcohólico? En algún lugar leí que las guerras del futuro, en vez de por el petróleo, serán por el agua. A mí me da igual, porque voy a vaticinar -y de pasó coleccionaré estas palabras- que estaré muerto y bien muerto antes de que Murcia y la Comunidad Valenciana se disputen con armas de fogueo el último litro del otrora caudaloso Ebro. Si los constructores, especuladores y demás demonios posmodernos viven al día y no piensan en la sostenibilidad del futuro, ¿por qué tendría que hacerlo yo?
Add comment 23 Octubre, 2006
90 euros
En una conocida casa de apuestas de internet, una hipotética -e improbable diría yo- victoria de Michael Schumacher en el campeonato del mundo de Fórmula 1 se paga 9 a 1. Si tuviera ganas, valor y un poco de ludopatía, apostaría mis buenos diez euros para conseguir un dinerito extra. Mi vaticinio se apoya en que no puede ser tan fácil: dos fallos mecánicos le han regalado a Fernando Alonso un final de temporada demasiado sencillo. Algo pasará en Brasil.
La verdad es que no dejo de darle vueltas al tema: un final apretado y competido entre Michael y Fernando (tal como los llama el amiguete Lobato) sería el aperitivo perfecto para el Madrid-Barça, pero tal como están las cosas, lo más seguro es que a partir de las siete celebremos el segundo triunfo de un español en el deporte más sobrevalorado, aburrido y sin embargo adictivo de la historia.
A veces comento con mi amigo, que estudia Ingeniería mecánica, que hay demasiado experto en Fórmula 1. Ahora todos saben de neumáticos y pronostican, sin necesidad de calculadora, las vueltas que puede dar un coche de esos atendiendo a la gasolina que le han puesto. Incluso pueden adivinar al instante qué ha provocado tal avería en un motor. Estos ilusos no se dan cuenta de que no hacen otra cosa que repetir las observaciones de Antonio Lobato -alias El Calvo de Telecinco- y el otro, el que nos aconseja que no parpadeemos si no nos queremos perder el espectáculo de la Fórmula 1.
Después del presumible éxtasis mecánico-patriótico (con tintes de identidad asturiana) vendrá el clásico, un argentinismo que ha sustituido al derby, un anglicanismo con solera que ha caido en el olvido. Hay que recuperarlo. Dicen que el Madrid llega mejor, y desde Barcelona apuntan que desde Madrid intentan vender que el Madrid tiene mejores biorritmos que el simbólico ejército desarmado de Catalunya, como diría el inmortal Vázquez Montalbán. Mañana tendremos ocasión de participar en interminables debates que no llegan a ningún sitio, porque ni madrilistas ni culés nos ponemos nunca de acuerdo. Menos mal que quedará Alonso para cambiar inteligentemente de tema, aunque si pierde el Mundial supongo que solapará en parte al gran clásico. Si eso ocurre, no me cansaré de comentar a mis allegados que he perdido la posibilidad de ganar 90 euros.
Add comment 22 Octubre, 2006
Soy un cuatrojo
A Henry Kissinger se le cayeron las gafas en uno de los retretes de la central nuclear de la inexistente, y por tanto imaginaria, ciudad de Springfield, USA. Homer Simpson se las encontró y creyó convertirse en un empollón, que es justo la imagen que le daban esas lentes rodeadas de una exagerada pasta negra. Ayer, casi de casualidad, entendí, tal vez gracias a Homer, que no me gustan las gafas de pasta.
Tengo -1,25 en un ojo y -1,75 en el otro. No sé muy bien de qué, pero creo que es miopía; y también tengo un poco de astigmatismo. Dice el óptico, que es colega, que está dentro de lo normal, pero que tengo que llevar gafas para ver la tele y la pizarra sin tener que forzar la mirada. Se acabó, pues, una costumbre, un vicio con el que he convivido durante muchos años. Llegó un día -sin avisar- y empecé a no poder ver con claridad las matrículas de los coches. Siempre me había sentido orgulloso de ese absurdo don, y estoy pensando que ahora podré recuperarlo, pero de forma artificial. De ser un Son Gokuh de la agudeza visual (¿Cuántas veces me preguntaron mis padres qué pone en ese cartel que está tan lejos, hijo?) pasaré a un simple Vegeta que consigue ir más allá gracias a un instrumento que todavía me resulta en parte mágico.
Reconozco que, hasta ayer, tenía cierto respecto hacia todo lo relacionado con la óptica y las lentes de aumento: entre tanto cuatrojo que hay por el mundo me sentía poco menos que un privilegiado por tener los ojos libres de ayudas externas. Sin embargo, mi autoengaño ha llegado a su fin: no veía -y no veo- bien de lejos. En el Mc Donald’s, por ejemplo, tengo que acercarme muy mucho al mostrador para saber cuánto vale un Mac Pollo. Fray Guillermo de Baskerville -quien probablemente utilizó una de las primeras gafas de la historia, si es que existió alguna vez- lo dejó muy claro: si la ciencia ayuda a que el hombre viva mejor… ¡Sea bienvenida la ciencia! (Y las gafas que dentro de poco tendré)
Add comment 21 Octubre, 2006