Sólo hay un tipo de víctimas
25 Octubre, 2006
Ocho autobuses ocho, llenos de simpatizantes de Batasuna, partieron ayer de Euskadi rumbo a Estrasburgo. La primero que me pregunté es si toda esta gente trabaja, porque el viajecito, supongo, les habrá costado una pasta. Algo parecido me ocurre cuando veo por la tele a los exaltados musulmanes que se manifiestan en la calle por cualquier cosa: el Papa, unas viñetas, el velo, tal vez los Moros y Cristianos, una revista erótica…
En la misma ciudad también se encontraban miembros de la politizada AVT. Aunque no comparta en absoluto su tesis de la rendición del Gobierno, su presencia es lógica: en el Parlamento Europeo se ha hablado de ETA y las víctimas de la banda terrorista merecen saber, de primera mano, qué se ha dicho.
Se podría argumentar a partir de lo anterior que Batasuna también tiene derecho a asistir al debate. Sin embargo, eso sería poco menos que poner a la misma altura a una organización ilegalizada y a un colectivo de víctimas. Sería legitimar la postura oficial de la izquierda abertzale, que no es otra que considerarse parte del conflicto y, por tanto, de la solución.
Este verano vi un trozo de la entrevista de Iñaki Gabilondo a Pernando Barrena. Este hombre, que siempre tiene la misma cara de mala leche, corrigió a Gabilondo y señaló que ETA no es la causa del conflicto, sino una parte más. Esta victimización del entorno etarra tiene como objetivo que pasemos por alto algo muy evidente: ETA, desde 1968, ha sido la que ha puesto las bombas. Tampoco hay que desdeñar que la organización terrorista gozó de ciertas simpatías en el interior y el exterior mientras existieron Franco y su dictadura. Después de 1975, ETA se convirtió en un triste y peligroso anacronismo.
Al final, el Parlamento Europeo ha apoyado el proceso de paz por 321 votos a favor y 311 en contra. Diríase que la propuesta socialista ha ganado por un triste 1-0. Esta clara falta de consenso debería hacer reflexionar al presidente Zapatero, quien tal vez aún no se ha preguntado por qué demonios acudieron ocho autobuses ocho a Estrasburgo. Por si acaso, intentaré aclarárselo: en primer lugar, para equipararse con las verdaderas víctimas y, en segundo lugar, para advertir que no piensan romper el hielo y pedir perdón por haber elegido -o legitimado- el camino de las armas y el terror.
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